
Cuando Ricardo Arjona era un mozalbete adolescente tenía dos pasiones: La guitarra y el baloncesto. No aspiraba a ser un jugador de las grandes ligas norteamericanas pero sabía que poseía una vena musical interna y con dedicación podría triunfar… El medio guatemalteco solo se prestaba para pasar una bohemia agradable y nada más. Sabía que México, nuestro hermano mayor, sí poseía el trampolín musical que podría lanzarlo a la órbita de los consagrados. La TV en México es poderosa y sus programas musicales son difundidos a todo el mundo.
Con estos pensamientos y un bagaje filosófico-musical que bullía en sus adentros tomó la decisión de marcharse hacia el hermano país y encontrar la palanca que él necesitaba. Algún día el mismo Ricardo nos va a contar los pormenores de este periplo. Al fin lo consiguió y en el programa “Siempre en Domingo” se dio a conocer; el resto ya lo saben ustedes…
No cabe duda que Ricardo Arjona dio a conocer el talento guatemalteco fuera de nuestras fronteras; motivó a muchos jóvenes talentosos a superarse y abrió las puertas mediáticas de otros países para que nos tomen en cuenta.
De esa misma cuenta los guatemaltecos hemos visto, con mucho orgullo, el nacimiento de nuevas estrellas: Carlos Peña triunfador en el “Latin american Idol”, Fabiola Rodas ganadora absoluta en el “Gran desafío de Estrellas” y ahora Napoleòn Robleto, gran finalista de “La Academia”.
Sin pecar de profeta, me atrevo a decir que estamos viendo únicamente la punta del “iceberg”: La revolución musical ya se destapó en Guatemala y grandes estrellas se están incubando en esa caldera. Damos las gracias a Ricardo Arjona por abrir esa brecha e incitamos a los jóvenes a cultivar el talento musical que llevan oculto.
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